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Dª. María de Madaríaga


    Era una mujer de grandes inquietudes transcendentes. Fuerte de espíritu. Idealista. Tenaz y constante. Con una clara visión de futuro. Y con ese carisma que Dios da a quien quiere.

 

    En 1941, es distinguida con la Cruz " Pro ecclesia et Pontifice ", otorgada por Su Santidad Pío XII.

    En 1946, se le concede la medalla de plata otorgada por la Cruz Roja Española.

    En 1947, representa a España en la primera reunión del Comité Internacional Católico de Enfermeras y Asistencia Médico Social (CICIAMS), celebrado en Roma.

    En 1950, fue elegida Vicepresidenta Internacional del CICIAMS.

 

    Dª. María de Madariaga crea y dirige durante toda su publicación (1952-1981) el Boletín de Sanitarias Católicas de España.

    Responsable de la Comisión Permanente de Moral Profesional de Moral Profesional del CICIAMS, cargo designado en la reunión celebrada en Bruselas el año 1958.

    En 1963 recibe la Officer de I´Oussan Alaoit distinción del reino de Marruecos.

    Por O.M del 2 de abril de 1973, ingresa en la Orden Civil de Beneficencia, con distintivo blanco y categoría de Cruz de 1º clase, como Presidenta de Salus Infirmorum.

    Ostenta el cargo de Presidenta General de Salus Infirmorum de forma vitalicia, por deseo expreso de sus miembros y ratificado por la Jerarquía de la Iglesia.

    Su labor no conoció fronteras y dejo huella en los cinco continentes a los que viajó, en los que pronunció conferencias y participó en simposium y foros, dejando siempre patente el Dogma, la Moral y la Ética Católica.

 

    Su finalidad

 

    Formar en el ámbito de la salud, profesionales que estuvieran a la altura de todas las circunstancias, formación académica, cultural, humana, social... sin olvidar su meta " Llevar a Cristo a los enfermos y sanos"; a su trabajo, su ambiente, su entorno... en una palabra EVANGELIZAR como veríamos más adelante en el concilio Vaticano II. Ni tan siquiera su avanzada edad ni sus problemas de salud le impidieron apartarse de prestar asesoramiento y ayuda de los docentes de sus Escuelas, siempre aconsejándoles desde una visión cristiana combinada con una gran profesionalidad científico-técnica.

    En sus escasos ratos libres le gustaba escribir —los que la conocían afirman que fue una gran poeta— y llegó a editar un libro titulado "Buscando tus huellas" (1.940), basado en poesías que elogiaban de una manera sencilla la naturaleza y el ardiente deseo de encontrar lo que en ella se esconde:

 

    La hermana lluvia


    Caías menudita, lo ibas calando todo,
las hojas de los árboles, las flores del macizo,
y a ratos parecían tus gotas sobre el lodo
diamantes de una joya que la brisa deshizo.

    Lo ibas calando todo, la hierba en las praderas,
el musgo que a las rocas se adhería seguro,
los montones de trigo recogido en las eras,
y el rosal trepador que tapizaba el muro.

    Lo ibas calando todo y pocos percibían
el dulce beneficio de tu labor constante,
eras tan impalpable que apenas te veían,
pero tú sin embargo seguías adelante.

    ¡Hermana, hermana lluvia! cómo hablaste a mi alma
de esa gracia de Dios que cae desde la altura,
que penetra el espíritu con infinita calma
y poco a poco invade todo la criatura.

    ¡Hermana! desde entonces siempre que te contemplo,
reclamo para mí la constancia que tienes,
yo quiero como tú, dar a todos ejemplo,
quiero pasar dejando una lluvia de bienes.


"Buscando tus Huellas" (1.940)

 

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